El ZIKA Y EL SENY

Paseando el pasado y soleado domingo otoñal por el paseo marítimo de cualquier bonito pueblo costero de la Costa Dorada, pude ver muchos balcones preñados de multicolores SI y lo asocié inmediatamente con el famoso mosquito del ZI-KA (SI-CAT), no pude evitarlo. El que pica y reduce el cerebro de los neonatos.
Verán, comencé a amar y a conocer Cataluña y sus gentes hace ya unos cuarenta años. Estaba recién llegado a Huesca y comenzando a ejercer. Había tenido la suerte de encontrarme poco antes al catedrático de mi especialidad y mi tierra, Jaén, que por residir y ejercer allá, se ofreció a formarme quirúrgicamente ; así es que desde finales de los setenta del pasado siglo no he parado de ir tanto a su hospital Valle de Hebrón como a la privada Clínica del Remedio. Y esa tierra ha sido, sin lugar a dudas, mi segunda casa, mi segunda patria, aparte de otras profundas y complejas razones emocionales. Continuar leyendo «El ZIKA Y EL SENY»

LAS RAMBLAS

Escribo desde la estupefacción, el sobrecogimiento y toda la rabia que nos produjo tanto lo vivido el pasado jueves, día diecisiete, como por caer ahora en la evidencia de que aún no nos hemos dotado de medidas preventivas o disuasorias que nos pudieran proteger en el futuro, viviendo tan  enfilada como vivimos, en los desprotegidos y accesibles campos de batalla de nuestras ciudades, en donde el moderno terror yijadista nos tiene amedrentados, asustados, mientras que políticos y medios televisivos parlotean y parlotean sobre los viejos tópicos, tan enervantes como usados, los de no tenemos miedo, lo de recuperar la normalidad o aquél otro de que la ciudad está dispuesta a seguir viviendo. Qué remedio queda. La hueca palabrería de siempre y del mínimo esfuerzo, la de las frases hechas y del hablar por no callar. Los tics verbales de Pero Grullo. Continuar leyendo «LAS RAMBLAS»

LA JUBILACIÓN MÉDICA Luis Manuel Aranda González

Tiene los mimbres de la propia vida. Hecha de vivencias agridulces, posiblemente tan diferentes entre sí, que de su buena o mala condimentación previa, puede resultar desde un liberador estofado a la pérdida del cielo en la propia tierra.
Los médicos también podemos acabar de la misma manera, tras completar bien una vida llena de auténtico significado, tratando y resolviendo los problemas de gentes más o menos necesitadas, o por el contrario, liberados, decía, si se ha tenido la desgracia de ejercer en un pequeño horno existencial, de esos que llegan a quemar, ya por presión asistencial, por falta de tiempo o medios, por los riesgos inherentes a la especialidad, neurocirugía. por ej., o incluso por algo más elemental, por haber tenido que llevar colgado de la chepa, todos los días, al incompetente y digitocrático compañero político de turno, más proclive al estudio del coste-productividad-efectividad y a mirar por encima del hombro a los camaradas, que a estar tras las crudas tragedias humanas o el estrés quirúrgico de los demás, los auténticos sufridores de la Cosa. Algo que hicieron, sin duda, y salvo honrosísimas excepciones, por no tener talla, implicación o empatía capaces de conmoverse de continuo con los pequeños o grandes problemas de sus pacientes…los usuarios, como despectivamente les gusta llamar últimamente, mientras la mayoría de sus compañeros prefirieron desde siempre quedarse al pie del cañón y pensando, divertida y desdeñosamente al verlos, en el viejo y certero refrán…”herradura que chacolotea, clavo le falta”.

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